miércoles, 2 de diciembre de 2009

Los campos de la traducción


Traducir implica tratar con todo el contenido escrito de la humanidad, desde la Antigüedad hasta nuestros días. Ello destaca la responsabilidad y el peso que conlleva la labor del traductor, así como también indica la especialización que requiere para poder transladar de un idioma a otro tan variado contenido escrito. Esa especialización dentro del trabajo traductológico significa que la traducción ha de clasificarse con base en las áreas de conocimiento por abarcar.


Por cuestiones de practicidad, todos los textos se agrupan, de primera instancia, en dos grandes campos: el de los documentales y el de los literarios. A partir de éstos es que se tienen las dos áreas basales de la traducción: la documental y la literaria; cada una con sus propios rasgos, aunque compartiendo los mismos métodos, técnicas y estrategias traductológicos.


La traducción documental, de los dos campos, es la que abarca la mayor variedad y cantidad de tipos de texto, pues esta clase se subdivide en tres grupos: el de la traducción científica (textos de y sobre ciencias exactas y experimentales: matemáticas, física, química, medicina, etc.), el de la humanística (textos de y sobre ciencias sociales, humanidades y artes: sociología, derecho, filosofía, psicología, historia, economía, música, pintura, etc.) y el de la técnica (textos de y sobre disciplinas tecnológicas y técnicas: ingeniería, mecánica automotriz, aeronáutica, petroquímica, etc.). La sola mención de estas tres subdivisiones, con los someros ejemplos de sus áreas de conocimiento, justifican per se la aseveración de que ésta es la clase traductológica más amplia, aunque ello no quiera decir que sea la más compleja (antes bien, la más terminológica).


La traducción literaria tiene un campo de acción más especializado y menos abierto que la documental, por lo que representa la menor variedad y cantidad en tipos de texto, aunque a diferencia de la documental, sí implica una mayor complejidad y dificultad para realizarse (tanto así, que durante mucho tiempo fue motivo de discusión lingüística y filosófica la posibilidad o imposibilidad de la traducción literaria, ante el universo pletórico de elementos semánticos, estilísticos, semiológicos y contextuales de que todas las obras literarias están cuajadas). Esto es lo que dificulta tanto la labor del traductor literario, pues cada obra por transladar de una lengua a otra, de una cultura a otra -por mucho que se conozca de su autor (su historia personal, su estilo, sus influencias literarias e ideológicas, su momento histórico, etc.)-, es un reto por vencer y en el que el traductor habrá de desplegar todas sus capacidades, experiencia y cultura para poderlo lograr. Los textos sobre los que ejerce su labor el traductor literario se agrupan en tres áreas esenciales: narrativa (cuento, novela corta, novela y ensayo), dramaturgia (teatro, guión cinematográfico, televiso y radial; subtitulaje) y poesía (que por su fuerte carga simbólica y lo reducido de su forma representa, sin duda, el contenido más difícil de traducir). A estos grupos, que reflejan la parte creativa de la literatura, cabría agregar el de los textos de estudio, análisis y/o reflexión sobre literatura.


Los perfiles de ambos tipos de traductor (documental, en sus especialidades de científico, humanístico o técnico, y en las que a su vez ha de subespecializarse: en ciencias de la salud, en ciencias exactas, en ciencias experimentales, jurídico, etc.; y literario, en sus especialidades de en narrativa, en dramaturgia o en poesía) tienen peculiaridades que los distinguen. El traductor documental; por las características tan precisas y especializadas de los textos que trabaja (terminología especializada y una redacción estructurada de acuerdo con los contenidos manejados, sin juegos semánticos ni estilísticos, puesto que su finalidad es informativa y formativa); se distingue por su precisión y especialización en el lenguaje que maneja y por su libertad reducida para desarrollar su labor. Su desempeño podría equipararse al de un técnico que ha de avenirse a las instrucciones y métodos prestablecidos. El traductor literario; por la variedad y variabilidad estilísticas, semánticas, semiológicas, formales y contextuales de los textos a los que se enfrenta; debe tener un dominio profundo del lenguaje que maneja, preciso y especializado (conforme a los géneros, tipo de obra y autor que traduce) y, al contrario del documental, sí posee libertad para desarrollar su labor; aunque entendida como libertad bajo control (el del dominio lingüístico -gramatical, semántico,lexicológico y cultural de la lengua origen y la terminal o meta-, traductológico -métodos, técnicas, herramientas y estrategias- y literario -género, tipo de obra, corriente literaria, época literaria, etc.-) para respetar, por completo, todo el contenido original (haciendo los ajustes mínimos por la diferencia de culturas entre la lengua de origen y la de traducción) y, en todo lo que sea posible, la estructura que lo contiene (en tanto no violente los rasgos particulares de la lengua y cultura a la que se traduce, a fin de evitar un resultado incomprensible o confuso).


A partir de estos dos campos es que se abre el universo infinito del trabajo traductor, muchas veces desconocido o menospreciado éste y otras tantas, reconocido en toda su importancia histórica, social y cultural.



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martes, 3 de noviembre de 2009

Aprendiendo traducción (V y último)


Para cerrar la serie de artículos sobre el aprendizaje académico de la profesión traductológica, cabe tocar las dos últimas áreas de conocimiento que redondean la formación del traductor: metodología y cultura general.


El área metodológica debe dar al aprendiz de traductor los métodos, técnicas y herramientas para desarrollar y fortalecer sus capacidades de investigación, razonamiento y análisis crítico que deberán permear de continuo (casi de modo innato) su desempeño profesional. Las asignaturas por cubrir dentro de este sector de la carrera son: una introducción a la investigación documental, metodología de la investigación y seminario de titulación (con las que conocerá y profundizará el sistema para realizar con precisión todo el proceso para una investigación humanística por escrito: elección de tema, búsqueda de fuentes, estudio analítico de éstas, detección de un problema y objetivos de investigación, aplicación práctica del marco teórico preparado, análisis de los resultados obtenidos y deducción de conclusiones); una introducción a las ideas y un curso esencial de lógica (con las que conocerá las corrientes ideológicas indispensables en el desarrollo de la humanidad y analizará sus consecuencias y presencia a lo largo de la historia hasta la actualidad, por un lado y reforzará la estructura de su pensamiento lógico, por el otro, a fin de fundamentar y fortalecer su raciocinio); y ética profesional (con la que conocerá la forma moral mínima indispensable de desarrollar su labor traductológica en los ámbitos académico y profesional).


El área cultural ha de incluir aquellas materias indispensables para otorgar al educando un caudal mínimo de cultura general (el cual no dejará de ampliar a lo largo de toda su vida), con la que podrá desarrollar su intuición y capacidades para resolver, de manera puntual, cualquier cuestión, duda, problema o disyuntiva que surja durante su desempeño como traductor, enriqueciendo las capacidades traductológicas, lingüísticas y humanísticas que para ello adquirió durante su preparación profesional.


Cursos de historia nacional y universal, geografía, historia de la ciencia, historia del arte, historia del desarrollo tecnológico, historia de la literatura, así como cursos de análisis sociopolítico y económico, y de negocios sentarán las bases culturales mínimas indispensables que pueden cumplir con el ciclo de la preparación académica de un traductor.


No hay que olvidar que la formación profesional en cualquier área, a nivel licenciatura, busca preparar al aprendiz para poderse desenvolver en la realidad de su campo laboral con todos los elementos teórico-prácticos y metodológicos que lo han capacitado para desempeñarse con ética. La carrera de traducción no es la excepción y debe cumplir con todo lo comentado a lo largo de esta serie de artículos relativos a su aprendizaje formal pues, a pesar del tiempo de su existencia en el campo académico, es mucha la ignorancia general que existe en torno a qué y quién es un traductor, la necesidad de su formación profesional, y su importancia dentro del desarrollo humano (histórico, cultural y social). Un traductor formado dentro de la academia tiene el deber de defender y resaltar la bondad, calidad e importancia de su profesión.



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lunes, 28 de septiembre de 2009

Día internacional del traductor



JERÓNIMO DE ESTRIDÓN



Padre de la Iglesia Latina, Doctor de la Iglesia, Santo Patrono de los Traductores.


Estridón, Dalmacia; 343. Belén, Judea; 30 de septiembre de 420.


DÍA INTERNACIONAL DEL TRADUCTOR

Instaurado desde 1991 por la Fédération Internationale des Traducteurs.


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miércoles, 16 de septiembre de 2009

Aprendiendo traducción (IV)


Como comenté en el artículo anterior, la docencia de las asignaturas específicas traductológicas conlleva rasgos particulares implícitos de alguna manera en las áreas de conocimiento que manejan. Estas materias pueden dividirse en dos grupos: el de las teóricas y el de las prácticas.


El grupo teórico está conformado por la traductología o fundamentos teóricos de la traducción (donde se abarcan las definiciones de traducción y la metodología, técnicas y estrategias para traducir) y por la filosofía de la traducción (donde se revisan todas las visiones y reflexiones que se han dado a lo largo de la historia sobre la traducción, al mismo tiempo que se motiva a la reflexión de los propios alumnos sobre la actividad que están por emprender). La sustancia adquirida a través de estos cursos tendrá su aplicación práctica, de modo directo, en las materias prácticas.


No hay que olvidar que (por razones de habilidades y capacidad lingüística, más la ética del traductor) las prácticas traductológicas sólo se realizan (de forma exclusiva) de las lenguas extranjeras incluidas en los estudios de licenciatura a la lengua materna, por un lado y por el otro, se desarrollan sobre las distintas áreas de conocimiento tradicionales, las de última novedad y las de mayor especialidad (que sólo conviene dejarlas como áreas de estudio optativas a elección de los educandos). Como tradicionales, están incluídas la traducción jurídica, financiera-económica, de ciencias de la salud (medicina y farmacología), de ciencias experimentales (química, biología, física), de ciencias sociales (administración, sociología, comunicación), de ciencias humanísticas (filosofía, historia, pedagogía, psicología, lingüística) y literaria (teoría literaria, narrativa, dramaturgia, poesía). Como de última novedad, estarían la de tecnologías de la información (informática, telemática) y de ingenierías (petroquímica, civil, mecatrónica, marítima, automotriz, aeronáutica, electromecánica, termonuclear), y como optativas podrían entrar la traducción cinematográfica (subtitulaje y doblaje), de historieta (cómics y manga), científica (matemáticas, astronomía), de poesía.


En cualesquiera de estas modalidades, el sistema pedagógico debe ser siempre el mismo, a fin de lograr la integración teórica y práctica por parte del alumno (que lo capacitará para elegir su indispensable área de especialización). Dicha integración debe incluir, asimismo, un acercamiento hacia la realidad laboral del traductor (tarifas, cotización, cálculo de tiempo para entrega, atención al cliente, etc.).


Las prácticas de traducción deben realizarse con una selección representativa de textos sobre el área de conocimiento en cuestión. El aprendiz debe aplicar todos los conocimientos adquiridos en las áreas lingüística, traductológica, metodológica y de cultura general para llegar a la integración teórico-práctica ya mencionada. Al tener su texto, el postulante a traductor ha de revisarlo para establecer su cotización (con base en las tarifas vigentes en su lugar de origen) y calcular un estimado para la entrega del documento; luego, pasará a analizar su formato, sus estructuras externa e interna, su terminología y a valorar la dificultad de su contenido (en el caso de la traducción literaria, debe también abarcar los rasgos de autor y estilo, época, género, tropos y, al tratarse de poesía, métrica, rima y figuras literarias), más aquellos signos no lingüísticos que pudiera contener el texto original, a fin de determinar la manera de tratarlos durante el proceso traductológico (semiología); ha de consultar en todas las fuentes impresas, cibernéticas y/o personales aquellos conceptos ajenos a la materia del texto, pero que aparecen ahí y que le sean desconocidos; consultará todo el vocabulario que no conozca o sobre el que tenga dudas y procederá a formar un glosario con la terminología especializada del texto para futuras referencias; por último, procederá a traducir.


Este proceso debe pasar por sus tres etapas: la traducción en sí (donde irá aplicando todos los métodos, técnicas, herramientas y estrategias traductológicas convenientes para el texto en cuestión), la revisión de ésta (para afinarla, corrigiendo fallas y mejorando el resultado preliminar) y la corrección de estilo del texto traducido (para lograr una redacción correcta y puntual en la lengua meta). Aquí, el alumno deberá manejar con absoluta fluidez las gramáticas tanto de la lengua origen como de la final, la semántica del texto por traducir y del traducido, así como la redacción cuidada y desenvuelta en la lengua materna. A fin de que los futuros traductores logren un entrenamiento completo en su labor, conviene que traduzcan su texto asignado, revisen la traducción del texto de algún otro compañero y corrijan el estilo del de un tercero. Al término, el resultado deberá coincidir en formato, estructura, contendio y estilo con el original respetando, claro está, las características de ambas lenguas (origen y meta), a fin de cumplir con la regla de oro de la traducción: Decir todo lo que dice el texto original; no decir nada que no diga el original; y conservar, hasta donde sea posible, su estilo en tanto no se violente la estructura gramatical, semántica y estilística de la lengua meta (la materna).


Las prácticas de traducción jamás han de entenderse como una acelerada acumulación de textos traducidos (la cantidad nunca ha superado a la calidad), sino como el pleno aprendizaje del proceso traductológico, implicando con ello el trabajo esmerado, diestro y eficiente sobre unos cuantos textos elegidos por su relevancia e idoneidad. Las presiones en tiempo y cantidad las vivirán los egresados una vez que se integren al ámbito laboral. Formadores y postulantes no deben ignorar que cualquier estudio universitario ha de ser propedéutico para el campo laboral (conocimientos, metodología, técnicas, herramientas) y no, un ensayo de éste.



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